Conflictos entre Libertad de Expresión y Derecho al Honor

 

El derecho a la libertad, ya sea deinformación (art. 20.1 d)) como de expresión (art. 20.1 a) CE) y el derecho al honor (art. 18) formanparte de nuestros derechos fundamentales que figuran en la sección primera del Capítulo II delTítuloI de nuestra Constitución.

Es por ello que tienen una notable relevancia en nuestro ordenamiento jurídico, poniendo como ejemplo las reservas de Ley Orgánica según lo dispuesto en el artículo 81 de nuestra Norma Suprema.

Sin embargo, en ciertos momentos, estos dos derechos se encue
ntran enfrentados debido a que las expresiones que una persona o un grupo de personas h
acen pueden repercutir, tanto de forma positiva, como de forma negativa, en una persona o en un colectivo de personas.

Esto mismo ocurre con la libertad de información. Sea para bien o para mal, el hecho de que un periodista, un periódico, o una compañía cuya actividad sea la información, publique ciertas realidades sobre una persona o un grupo de personas, consecuentemente, generará una opinión del sujeto, o de los sujetos que se hayan identificado en dicha noticia.

Interpretación de los preceptos constitucionales.

La doctrina distingue el derecho al honor como interno <<que posee el hombre como ser racional y que se identifica con la dignidad de la persona>> y externo <<en el que se concreta el anterior>>[1];fáctico, que sería el honor objetivo, y el honor subjetivo como consecuencia de este[2]. Sería también un sentimiento personal o psicológico de autoestima o como imagen pública o heteroestima en la relaciones sociales [3] [4].

Ya se ha pronunciado la jurisprudencia que <<el derecho al honor y las libertades de expresión e información constituye un problema de delimitación objetiva del alcance de los derechos de colisión y que […] se trata la determinación del límite objetivo entre lo prohibido y lo permitido a partir de un juicio de ponderación entre los referidos derechos en conflicto>>[5].

De hecho, la Constitución manifiesta expresamente un “límite” a las libertades de expresión e información. Especialmente tiene como límite el derecho al honor[6].

La jurisprudencia constitucionalista también genera límites al margen de lo dispuesto según la Norma Suprema estableciendo que <<la Constitución no recoge derecho al insulto>>[7] ya que, por consiguiente, <<la lesión del mismo [derecho al honor] implicará una lesión mediática de la dignidad de la persona>>[8].

Sin embargo, la misma jurisprudencia mencionada da más importancia a la libertad de expresión e información que al derecho al honor. Le concede un rango superior frente al honor <<cuando quien los ejerce lo hace en la dimensión social de aquéllos, del interés supra individual ínsito en su ejercicio de libertad de expresión o información>>[9].

Concluyendo con este punto, la jurisprudencia del Tribunal Supremo destaca –o más bien, resume- cuáles son las fronteras que limitan los dos derechos fundamentales prevaleciendo uno sobre otro[10]:

  1. La delimitación ha de hacerse caso por caso.
  2. Tiene que estar condicionada a que sea veraz, que se haya observado ex ante la diligencia debida a la hora de contrastar la veracidad de la información[11].
  3. Principio de proporcionalidad, de tal manera que la libertad de emitir juicios de valor, pensamientos, ideas, opiniones no deje sin contenido el ejercicio de la libertad de expresión e información[12] y la
  4. Necesidad: Para la exposición de ideas u opiniones de interés público. El campo de acción quedará determinado esencialmente por <<la ausencia de expresiones indudablemente injuriosas que resulten innecesarias para la exposición de las mismas[13].

Análisis jurídico del delito de injuria.

Empezaremos definiendo el concepto de injuria según indica el Código Penal:

Art. 208 CP: “Es injuria la acción o expresión que lesionan la dignidad de otra persona, menoscabando su fama o atendiendo contra su propia estimación”. Continúa dicho precepto estableciendo cuándo será constitutivo de delito: “[Cuando] por su naturaleza, efectos y circunstancias sean tenidas en el concepto público” estableciendo que se considerarán graves las que “se hayan llevado a cabo con conocimiento de su falsedad o temerario desprecio a la verdad”.

Os preguntaréis: ¿Qué tipo de acciones o expresiones lesionan la dignidad de otra persona? o ¿Con qué ánimo podríamos ser castigados por delito de injurias?

Los tribunales han analizado una serie de expresiones como “ladrón” o “gran termita” que <<pese a su carácter peyorativo, no son lo suficiente graves cuando son vertidas en un foro de Internet dispuesto para la crítica en el marco de una relación conflictiva>>[14], así como “jeta “, “choricete” o “parásito de la democracia”[15]. Otras expresiones como <<llamar “hijo de puta”, “ladrón” y “cornudo>> deben ser atendidas de acuerdo al entorno social y al contexto del que provenga[16].

Desde un punto de vista doctrinal, analizando el tipo subjetivo –la intencionalidad que ha tenido el autor a la hora de cometer la acción-, << las frases o actitudes han de responder al propósito específico de ofender, vilipendiar, desacreditar, vejar, menospreciar o escarnecer a las personas que van destinadas>>[17]; la intención tiene que contener una <<incitación al rechazo social de una persona o un desprecio o vejación de ella>>[18]o, una <<forma de transición de los delitos contra la integridad corporal de los delitos contra la integridad moral>>[19].

Desde luego este delito es muy relativo ya que no sabemos qué margen de acciones o expresiones es capaz de aprehender el tipo penal; tampoco conocemos el porcentaje de vulnerabilidad del derecho al honor de una persona.

Haciendo un repaso a la jurisprudencia del Tribunal Supremo, veremos qué razonamientos ha sacado en conclusión de acuerdo a dicho tipo penal:

En primer lugar, se muestra un tanto confusa ya que no se sabe qué tamaño abarca el marco penal: <<Es tan grande que conviene mantenerla alejada del Derecho Penal; la tarea de determinar tanto a priori lo qué es materia prohibida, como de acordarlo ex post, es tan ingente como destinada al fracaso[…]>>[20].

En segundo lugar, también se muestra confusa porque no tiene un marco discrecional donde pueda fijar los límites ya que <<quiebra toda seguridad jurídica, máxime cuando el legislador se abstiene de ofrecer criterios-guía al respecto que encaucen y orienten la labor explicativa del juez>>[21]. Luego se entiende que <<de los efectos y […] circunstancias podrá entenderse lo que se quiera>>[22] ya que <<el alcance de las acciones o expresiones habrán de ser valoradas, dado su carácter circunstancial conforme al criterio corporal que se producen, deduciéndose además la intencionalidad del conjunto de circunstancias que realizan los actos y expresiones>>[23].

Por tanto, no cabe duda que hay una amplia discrecionalidad por parte de los tribunales de determinar, o establecer, los límites que describan el tipo penal de acuerdo a sus efectos, alcance, intencionalidad y circunstancias conforme a los actos y expresiones del sujeto activo.

Derecho comparado.

Resulta interesante destacar que nuestros países vecinos conciben los delitos contra el honor en sus códigos penales. Sin embargo, hay sistemas que distinguen la lesión al honor se forma más compleja que otros:

Países como Alemania, Austria o Suiza distinguen el delito contra el honor en tres: Injuria, difamación y calumnia.

En cambio, países como Italia o Portugal los separan en dos: Injuria y difamación.

El modelo español recoge parte de cada modelo: por un lado, recoge la división en dos delitos (modelo portugués o italiano) pero, en vez de recoger la difamación, recoge el delito de calumnia (al igual que lo hacen los modelos alemán, suizo o austríaco)[24].

Pero es el modelo sajón el que ha influido de forma importante en la regulación de estos delitos por nuestro legislador debilitando la vía penal –en mi opinión, de manera insuficiente- y dando más entrada a la jurisdicción civil [25] .

Conclusión.

Últimamente, debido a los tiempos que corren, la población española tiende a ser más sensible con las expresiones que se dicen a través de los medios de comunicación, en actos públicos, e incluso en teatros cuyo fin es hacer reír a la gente mediante monólogos.

Cierta sensibilidad es buena hasta cierto punto, creo que tenemos que saber en qué momentos se pueden comentar chistes que puedan dañar, aunque no se quiera buscar, la sensibilidad de un conjunto de personas (Caso del humor negro) y en qué momentos se tienen que hacer actos de respeto para demostrar la sensibilidad que se tiene con los demás.

Yo soy partidario, al igual que una porción de la doctrina penalista[26], de reformar de manera más objetiva, o al menos de establecer unos límites –por muy difíciles que sean- al artículo 208 CP porque las injurias -sean graves o no- no merecen una privación de libertad, ni incluso una severa sanción, sino que merecen como pronto el perdón del que cometiera la acción más una reparación de los daños que cometiere, que es lo mínimo indispensable para una mejor convivencia de la sociedad.

 

 

[1] Vives Antón y otros. Derecho penal parte especial, Tirant lo Blanch 1996. Págs. 276

[2] Bustos Ramírez, Juan. Manual de Derecho Penal, parte especial. Ariel. 1986. Pág. 164.

[3] Rodríguez Ramos, Luis. Apuntes de derecho penal (Parte especial). Coimpress S.A. 1985-86. Pág. 205.

[4] Coca Vila, Ivó. Lecciones de derecho penal. Parte especial. Atelier. 2015. Pág. 180.

[5] STC 41/2011 y ATS 15 abril de 2013.

[6] El artículo 20.4 CE no se estanca en el derecho al honor, sino que amplía –mejor dicho, restringe- sus límites a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

[7] SSTC 204/2001 y 232/2002. En dicha sentencia, el fallo acreditó que se recogía la vulneración al derecho al Honor.

[8] SSTC 214/1991 y 78/1995. De todos modos, dichas sentencias precisan, además, el reconocimiento de la dignidad humana y libre desarrollo de la personalidad.

[9] STC 208/2013.

[10] STS Sala de lo Civil de 7 de Julio de 1997. Concretamente, de forma expresa menciona la “posición prevalente, que no jerárquica o absoluta, […] ostenta el derecho a la libertad de información […] en función de su doble garantía individual e institucional […] dentro de un estado Democrático”.

[11] A partir de la Sentencia señalada en la nota anterior, que continúa argumentando: “siempre que la información transmitida sea veraz […]”  se ha ido incorporando más jurisprudencia: STC 29/2009 y STS 192/2001 que reaviva este principio.

[12] Cfr. STC 127/2004.

[13] Cfr. STS 192/2001.

[14] Cfr. SAP-Madrid 137/2015.

[15] La SAP-Murcia 352/2014 niega la gravedad de dichas expresiones formuladas en un correo escrito a un tercero al enmarcarse en el contexto de una conversación privada relativa.

[16] En este caso, atendiendo a las circunstancias del medio rural y al poco nivel cultural, fue correcta la consideración como objeto la extinta falta de injurias, corrección que decaería en un medio más ilustrado (Sentencia 8 de abril de 1989).

[17] Serrano Gómez, Alfonso y otros. Curso de derecho penal. Parte especial. Dykinson. Madrid. 2015. Pág. 219.

[18] Cadena Torres, Juan. Derecho Penal. Parte especial. 2010. Barcelona. Pág. 203.

[19] De Quirós, Bernaldo. Compendio de Derecho penal. Parte especial. Dykinson. Madrid. Pág. 149.

[20] La STS 7 de diciembre de 1984 pretende resaltar la relatividad que supone este tipo penal ya que no se sabe “cuando una pena (en este caso) puede llegar a ser privativa de libertad y, en todo caso, el estigma de una sanción penal, están en juego”.

[21] Queral Jiménez, Joan J. Derecho Penal Español. Parte Especial. Tirant lo Blanch. Valencia. 2015. Pág. 367.

[22] Lo que se le llama “el esfuerzo sistematizador”. STS 21 de febrero de 1994.

[23] Cfr. SSTS 28 de noviembre de 1985, 2 de diciembre de 1989 y 12 de febrero de 1991.

[24] Cfr. Horst Antonio Hörderl Frau http://ley.se-todo.com/law/4918/index.html

[25] Citan Sir John William Salmond. The law of Torts. A Treatise on the English Law of Liability for Civil Injuries. Y también Linda Macpherson junto con Douglas W. Vick. An opportunity lost: The United Kingdom´s Failed Reform of Deformation Law. “English law allows actions to be brought in the High Court for any published statements which are alleged to defame a name identifiable, individuals”.

[26] Del mismo modo que Gimbernar lo hace “[…] por el concepto de temerario desprecio a la verdad por el desconcierto y la inseguridad que representa ese nuevo término sin que establezca un límite claro entre lo que puede ser dolo eventual o imprudencia consciente ese caso” en Derecho Penal. Parte especial. 2010 Barcelona. Pág. 202. Al igual que lo condena Queal Jiménez, Joan J. “En una sociedad moderna es inadmisible poner; cuando menos al Derecho penal, al servicio de un concepto subjetivo del honor: la autoestima” en Derecho Penal Español. Parte Especial. Tirant lo Blanch. Valencia 2015. Pág 366. “[La injuria y la calumnia] son conceptos eminentemente relativos que dan una gran indeterminación al concepto mismo del honor” dice Muñoz Conde. Derecho Penal. Parte Especial. Tirant lo Blanch libros. Valencia. 2015. Pág. 261. “[El delito de injuria] Induce una notable dosis de inseguridad e incertidumbre a la hora de valorar si incurre o no en un delito, hallándonos o no ante un tipo muy abierto que se asienta en elementos normativos de difícil circunscripción” además que “desafía en buena medida las exigencias derivadas del principio de legalidad” comenta Suárez-Mira Rodríguez, Carlos. Manual de Derecho Penal. Tomo II. Parte especial. Cuarta edición. Thomston Civitas. Madrid. 2006. Pág. 213.

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